Jesús Barroso
Soy artista antes que fundador. Durante mucho tiempo viví dividido entre lo que creía que daría dinero y lo que de verdad me llamaba: crear lugares donde el talento de la gente se vea, se toque y conecte.
Creo que a las redes sociales siempre les ha faltado lo físico, lo tangible. No podemos ser seres sociales y pasarnos la vida detrás de una pantalla. Ahí fuera hay una creatividad inmensa y personas fascinantes de las que ni nos enteramos. Hacía falta crear un espacio —una excusa— para volver a encontrarnos y celebrar la vida.
Así que dejé de pensar en paneles y empecé a pensar en personas. En un cuadro que es un post. En una pared que te presenta a quien lo pintó.
El cuadro es el post. La pared, la red.
Cada pieza que cuelga lleva un chip. La tocas con el móvil y conoces a quien hay detrás: su historia, su obra, cómo seguirle. El arte vuelve a los sitios donde vives —un café, un coworking, tu barrio— y deja de ser scroll para volver a ser encuentro.
Todo lo que ves tiene un creador
Lo que encendió la chispa.
Dos proyectos me enseñaron que el arte, fuera de la pantalla y en la calle, puede unir a desconocidos y cambiarlo todo. Me marcaron.
Candy Chang — «Before I Die»
JR — «Usa el arte para poner el mundo del revés»
Elysium.
La primera pared real fue Elysium. La monté, colgué las piezas y vi algo que no se me olvida: gente parándose, señalando, hablando con desconocidos delante de una pared. No estaba vendiendo un producto. Estaba viendo a la gente conectar. Ahí supe que esto era lo que tenía que hacer.
Esto es solo el principio.
Quiero que cualquier pared pueda cobrar vida y que quepa cualquier talento: pintura, fotografía, poesía, música, arte con IA… lo que sea que lleves dentro.
En noviembre de 2026 lo llevo a una feria de arte. En 2027, a una casa-museo en la Milan Design Week. Y, por el camino, a cada espacio que quiera dejar de ser una pared muda.







